| Una voz profunda y dolida, unas canciones de cielos nublados que retratan desamores y soledades urbanas, unos músicos que visten esas canciones con trajes de terciopelo, todas las piezas en su sitio para que la máquina funcione como un reloj. Y funcionó. El concierto se abrió con ´Jamexico´, un tema que incluso en el título, tiene un cierto aire a lo Calexico, parece que en cualquier momento van a sonar las trompetas, pero que Aidan y su banda llevan rápidamente a su terreno, una suerte de maravilloso folk de cámara, intimista y evocador, donde brillan los arreglos de piano y violonchelo que acompañan a la guitarra acústica, el contrabajo y la batería. Extraordinario el grupo de músicos, especialmente brillante el trabajo de Lady Julia, así presentó Aidan a su esposa, que toca el teclado de un modo a veces delicado e impresionista, y otras veces de manera obsesiva y repetitiva a lo Michael Nyman, mezclándose muy bien con el sonido elegante y estilizado de la violonchelista. Así toda la actuación tiene el clima recogido y brumoso de su nuevo disco, ´Vaudeville´, una hermosa cosecha de frutas agridulces, donde aparecen joyas como la sublime ´The Tree´, ´Profit´, con una introducción de ambiente casi fantasmal, ´Boy´,´Sleep On It´, una amarga historia de insomnio, o la que da título al disco. Un trabajo en cuyos rincones aparecen sombras de Leonard Cohen, Kurt Weill, Jacques Brel, o incluso Philip Glass, una serie de influencias que acaban por fundirse en una música muy personal, una auténtica delicatessen trasladada al directo de forma exquisita. Pedro J. GÁLLEGO
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